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Como yo os  he amado

Como yo os he amado

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TESTIMONIO DEL PADRE GASPAR HANDGRAAF MSF PDF Imprimir E-mail
Escrito por APARTADO NACIONAL SACERDOTES   

Padre Gaspas1.- Nací en un día en que en Chile estaban colocando las banderas e instalando las ramadas para celebrar las Fiestas Patrias. Fue el 17 de Septiembre del año 1931 en la ciudad de Haarlem, situada cerca de Amsterdam en Holanda. Fui Bautizado el mismo día con los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar, de los Reyes Magos que viajaron desde el  Oriente para buscar al Señor en lejanas tierras. Todo esto hace pensar que fueron

 presagios de que yo también viajara algún día desde el Oriente a una tierra lejana, Chile, para estar donde el Señor quería que estuviera….

Soy el segundo de los ocho hijos de mis padres, Juan Enrique Handgraaf y Gertrudis María Schaaper. Ambos eran muy religiosos y cristianos de manera que a mí, desde muy pequeño, supieron transmitir un gran respeto por las cosas de Dios.

Padre Gaspar Handgraaf

2- Por eso es nada de extrañar que mis sueños para el futuro, desde muy chico, estaban asociados a la figura de un tío sacerdote muy admirado por mí, hermano de mi madre, de modo que no pensaba en otra cosa que, algún día, ser como él: sacerdote.
3.- En Septiembre del año siguiente al fin de la Segunda Guerra Mundial, 1946,, entré junto a mi hermano en el seminario menor de los Padres Misioneros de la Sagrada Familia. Pasé por el Noviciado para sumir la Vida Religiosa y en seguida pasé los 6 años de estudios a nivel universitario de Filosofía y Teología. El 27 de Julio de 1958 fui ordenado sacerdote. Mi primer destino fue el de educador de seminaristas, tiempo en que pude seguir un curso de pedagogía, que me sirvió mucho posteriormente. El 13 de Junio de 1960 me llamó el superior que me preguntó si tenía algún inconveniente de ser nombrado para servir como sacerdote en Chile. Yo le dije que no y nunca me he arrepentido de mi respuesta. El 8 de Diciembre de 1960 desembarqué en Valparaíso, para trabajar sucesivamente en Yerbas Buenas, Tocopilla y finalmente en Santiago.

4.- En el año 1979 ya era vicario cooperador en la parroquia de Jesús Maestro, Zona Oeste de Santiago. Fue allí donde por primera vez escuché hablar de Encuentro Matrimonial, en que participaban algunos matrimonios, que se destacaron por su compromiso con las tareas pastorales, entusiasmados por el párroco español, Nacho Gutiérrez de la Fuente.

5.- Uno de aquellos matrimonios fueron Eugenio y María Cristina Monsalve. La última se desempeñaba como secretaria de la Parroquia. Fueron ellos que con mucho cariño insistieron en que yo entrara en un Fin de Semana, lo que por fin se logró en “Schoenstatt” en Agosto de 1979 con el P. Esteban Gumucio y mis “Culpables”, los mismos Monsalve, dentro del equipo.

6.- Por mi parte ofrecí alguna resistencia a la invitación, puesto que temía me quitara demasiado tiempo para mis tareas sacerdotales habituales, puesto que yo en aquel tiempo daba más importancia a otras formas de pastoral, como la pastoral sacramental, la catequesis y formación espiritual de la juventud. Además, documentos como El Bosquejo me asustaron bastante por el lenguaje confuso y su redacción ambigua.

7.- En un primer momento fui motivado por la curiosidad, pero poco a poco creció en mí el interés y dejé de ser observador desde afuera, para meterme de lleno en el tema, considerando el contenido como algo que me cuestionaba a mí mismo. EM fue una escuela donde aprendí cosas nuevas y me familiaricé con temas como la relación y la comunicación tan importantes para mi propia vida personal y sacerdotal.

8.- Desde entonces me decidí a ser servidor de EM, puesto que quedé convencido de que aquí se me abrió un inmenso campo de evangelización, de estar al servicio de esa vocación mayoritaria en nuestra Iglesia que es el matrimonio.

9.- Tomé conciencia de que el matrimonio es un proyecto de vida en que los esposos se juntan no para gozar de la vida que pasa, sino buscar el sentido de su vida, en recorrer un camino hacia la meta de poder amarse de verdad y de esta manera ayudar el uno al otro para ser más persona. Lo que me atrae de EM es que presenta el mensaje de que este camino mencionado es la comunicación transparente y permanente, la cual nos enseña y a la cual nos invita.

10.- En Encuentro Matrimonial no sólo fui servidor sino también alumno. Aprendí a comunicarme con transparencia, compartiendo mis sentimientos, entrando en confianza con mi gente, feligreses y otros sacerdotes, pidiendo perdón y perdonando.

11.- Aprendí que la unidad de los esposos de que hablamos en EM es el sueño de Dios para los matrimonios y uno de los valores del Evangelio. Está fundado en esa palabra bíblica de que “los dos serán un solo cuerpo”. Se trata sobre todo de una unidad espiritual que les permite a los esposos sentir, pensar y actuar en armonía y de acuerdo con el otro. No en forma similar o en forma idéntica. Es muy importante que dentro de esta unidad exista el espacio de la libertad, en que cada uno respeta la independencia del otro como una persona única, irrepetible y con cualidades propias. En este sentido me gusta repetir esta frase del poeta: “Los pilares sostienen el templo, pero están separados entre sí”. Y “Bajo la sombra del ciprés no crece el roble y bajo la del roble no crece el ciprés”. Todo esto vale para mí como sacerdote también: buscar lo que nos une y respetar la libertad del otro.

12.- A mi parecer el mensaje de EM apunta a un cambio de mentalidad a todos los que vivimos sumergidos en una sociedad que se caracteriza por alentar el afán de consumir gran variedad de productos que a la vez son desechables y que afirma que lo mismo vale para la institución del matrimonio. Además invita a vivir separados. EM valoriza el matrimonio como proyecto de vida que dura en el tiempo y al mismo tiempo propone una alternativa válida que consiste en luchar contra la tentación de vivir como casados solteros y de superar por medio del diálogo la frustración de vivir en una soledad que destruye la felicidad de los esposos y de los hijos.

13.- A mí me gusta hablar del matrimonio como de una escuela, en que los esposos aprenden a crecer y dando pasos en el camino del amor verdadero, que es mucho más que un sentimiento y realmente fruto de una decisión considerando que los inicios del amor, el enamoramiento, algo egoísta y tan fácilmente adquirido, requiere una evolución hacia un amor maduro que resiste los sinsabores y desencantos que inevitablemente surgen entre dos personas tan diferentes y a veces tan incomprensibles que parecen llegar de distintos planetas. Una escuela donde se saca buenas notas al tener siempre presente el modelo y el ejemplo de Jesús, el Maestro, para quién el amor fue algo durable, incondicional e incluyendo el sacrificio.

14.- En EM decimos que los esposos son una Iglesia doméstica, porque tiene características similares a las de la Iglesia Universal. Una: porque no permite que haya separaciones entre ellos. Santa: porque ponen el amor en primer lugar como lo hacen los santos y crecen en el amor. Católica: que significa “en todas partes”, porque se aman siempre, no poniendo condiciones. Apostólica: porque, igual que los apóstoles, comparten una buena nueva de que el amor de Cristo es posible y existe.

15.- Nuestro Movimiento es una comunidad donde siempre me siento acompañado de muchos amigos. EM es para mí una gran familia de gente que ha optado por el mismo estilo de vida y donde el uno se siente apoyado y ayudado por el otro para crecer y permanecer en la fidelidad a los compromisos anteriores. Yo he sentido este apoyo cada vez que nos reunimos, nos hablamos por teléfono o nos escribimos cartitas.

16.- Igual que cada matrimonio necesito mucho este apoyo para perseverar en la lucha de mantener mi sacramento como prioridad en un mundo que proclama valores distintos al amor verdadero, valores como por ejemplo seguir sus gustos sin pensar en las consecuencias. Es un Mundo que muestra ninguna o muy poca estima por la castidad y la abstinencia. Es un Mundo que me incita a buscar compensaciones en mi hambre de afecto y aprecio, cuando quiero ser fiel a mi compromiso de vivir el celibato como signo del amor de Jesús, que no fue padre ni esposo, sino hijo y hermano.

17.- Como todos nosotros no puedo ocultar alguna preocupación por una baja en la convocatoria de EM en Chile. Es la suerte de muchos movimientos apostólicos en nuestra Iglesia. Todos pasan por tiempos en que el entusiasmo de los primeros tiempos no brilla tanto. Pero no dejemos de soñar y no omitamos crear oportunidades y asumir desafíos nuevos con la confianza de que aparezcan nuevas personas inspiradas y movidas por el Espíritu de Dios, que se ponen de pie, descubren nuevas posibilidades y dan nuevos impulsos para que nuestro Movimiento siga moviéndose. Hay que dar oportunidades y la Regionalización es sin duda una de ellas.

18.- Pienso que, en vista de esto, todo servidor de EM debe ser un “Quijote”, es decir una persona llena de confianza en el futuro de EM, dispuesto a crecer en su relación, abierto para los cambios y preparado para sufrir desilusiones y servir sin esperar recompensa ni aplausos. Sobre todo ser creativo para buscar caminos nuevos junto y en armonía con otros.

19.- Yo mismo traté de reunir todas estas cualidades. Cuando alguien me recordó de que en la actualidad yo fuera el sacerdote más antiguo en EM sentí alegría, porque lo tomé como elogio el no haberme cansado… Además me vino un sentimiento de satisfacción de haber podido servir por muchos años a gran número de matrimonios en varias partes de Chile que, a su vez, me expresaron su reconocimiento en muchas cartas y tarjetas que guardo como un tesoro. También estoy agradecido hacia mi Congregación, que me permitió trabajar por todos estos años en tareas pastorales, que me dejaron libre para dedicarme a mi querido movimiento de Encuentro, lo que espero poder continuar por varios años más.

                                                  P. Gaspar Handgraaf MSF
 
 

 
 
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